Ethel Smyth (1858-1944) fue una compositora inglesa que destacó por su talento musical y su compromiso social. Fue la primera mujer en recibir el título de Dama Comendadora de la Orden del Imperio Británico por sus servicios a la música, y también una de las líderes del movimiento sufragista que luchó por el derecho al voto de las mujeres.
Una infancia prodigiosa
Ethel Smyth nació en Londres, en el seno de una familia numerosa y acomodada. Su padre, John Hall Smyth, era un general del ejército que se oponía a que su hija se dedicara a la música. Sin embargo, Ethel mostró desde muy pequeña una gran aptitud para el piano y la composición. A los diez años escribió su primer himno, y a los doce decidió que quería estudiar música profesionalmente.
Tras una dura batalla con su padre, Ethel consiguió que le permitiera viajar a Alemania para estudiar en el Conservatorio de Leipzig, donde tuvo como profesores a Carl Reinecke y Heinrich von Herzogenberg. Allí conoció a compositores como Dvořák, Grieg, Chaikovski, Clara Schumann y Brahms, que reconocieron su talento y la animaron a seguir su carrera. Ethel no se conformó con la enseñanza del conservatorio, que le parecía de bajo nivel, y continuó su formación de forma privada con Herzogenberg.
Una obra diversa y original
Ethel Smyth compuso obras de diversos géneros, como canciones, obras para piano, música de cámara, obras orquestales y corales, y sobre todo óperas. Su obra se caracteriza por su originalidad, su fuerza expresiva y su influencia de la música alemana, especialmente de Wagner y Brahms.
Entre sus obras más destacadas se encuentran el Concierto para violín, trompa y orquesta y la Misa en re, que le valieron el reconocimiento como una compositora seria cuando se interpretaron en el Albert Hall de Londres en 1893. También sobresalen sus óperas, siendo la más famosa The Wreckers (Los náufragos), estrenada en 1906, y la más singular, Fête Galante, una ópera de cámara ambientada en el siglo XVIII.
Ethel Smyth fue la primera mujer en conseguir que una de sus obras se representara en el Metropolitan Opera House de Nueva York, en 1903. También fue la primera mujer en dirigir la Filarmónica de Londres, en 1912. Sin embargo, su obra no siempre fue bien recibida por la crítica, que la marginaba por ser mujer o la comparaba desfavorablemente con sus colegas masculinos.
Una activista comprometida
Ethel Smyth no solo fue una compositora, sino también una mujer que se involucró en las causas sociales de su tiempo. En 1910, se unió a la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU), una organización militante sufragista que reclamaba el derecho al voto de las mujeres. Ethel abandonó la música durante dos años para dedicarse a la lucha, y compuso el himno del movimiento, The March of the Women (La marcha de las mujeres), con letra de Cicely Hamilton.
Ethel Smyth participó en varias acciones de protesta, como romper las ventanas de los políticos anti-sufragistas, por lo que fue detenida y encarcelada durante dos meses en la prisión de Holloway. Allí siguió cantando y dirigiendo el himno con un cepillo de dientes desde su celda. Su amigo Thomas Beecham la visitó y la encontró en esa situación.
Durante la Primera Guerra Mundial, Ethel Smyth trabajó como asistente de radiología en un hospital de Vichy, y después volvió a la música, aunque con menos éxito que antes. En sus últimos años, sufrió una sordera progresiva que la obligó a dejar de componer, pero no de escribir. Publicó varias memorias y ensayos sobre música y feminismo, y recibió numerosos honores y homenajes por su trayectoria.
Ethel Smyth murió en 1944, a los 86 años, en su casa de Woking, Surrey. Su legado musical y su ejemplo de vida siguen siendo una fuente de inspiración para las mujeres compositoras y las defensoras de los derechos humanos.